lunes, 30 de marzo de 2015

Cortocircuito


Por Lisa Lain
La marquesina anunciaba el show de aquella noche a todo color. “Almas Anodinas”.
Aunque era ya la medianoche, la ciudad estaba iluminada como si fuera pleno día, la gente paseaba sin más, invadiendo las calles, riendo, conversando sobre cualquier vanidad.
Ella había llegado hacía poco tiempo, de un pueblo mucho menos ruidoso, y este panorama la sorprendió un poco. Caminaba casi con la boca abierta, envuelta en un vestido color crema al cuerpo, largo, larguísimo que se arrastraba por el suelo. Sacó el panfleto de su cartera, que le había dado un muchacho por la mañana, comprobó la dirección y asintió con la cabeza... “Aquí es”.
Le causaba mucho vértigo y emoción saberse en una ciudad extraña a la suya, donde no conocía a nadie, donde ninguna cara le resultara familiar, una perfecta anónima; nadie conocía su nombre, su vida, su pasado, lo que sentía.
Pagó la entrada e ingresó al lugar. Adentro estaba todo sumido en una penumbra extraña, la gente iba y venía de la barra al centro del local, se chocaban, reían, simulaban pasos de baile.
Ella se acomodó en la mesa de adelante, que estaba vacía. Y esperó. Se hicieron bastante largos los minutos. El presentador indicó el comienzo, y sobre el escenario se encendieron las luces púrpuras. La orquesta comenzó a sonar. Y de repente apareció él. Su porte era solemne. Impecablemente vestido con un traje marrón oscuro, con rayas negras y pañuelo carmín al cuello. Camisa blanca, zapatos relucientes. Y todo completaba aquel cuadro un chambergo de fieltro marrón oscuro al tono, con una franja negra, cubriéndole la mitad de la cara, cosa que resultaba invisible. Se veía en el escenario su cara difuminada como con lápiz negro, tan sólo una sombra. Su boca se acercó al micrófono Shure Super 55 y su voz comenzó a recorrer cada espacio del recinto, era dura, recia, pero con matices de terciopelo.
Las canciones hablaban de amores y desamores, viajes y cuestiones existenciales, temas que no llamaban demasiado su atención, mientras jugaba con su copa distraídamente.
De repente él comenzó a cantar:
“Alma que me has buscado,
Entre las cantinas
De esta endemoniada ciudad
Puedes al fin descansar
Porque me has encontrado”
Ella sintió que arrobó su alma repentinamente.
¿Cómo? ¿Le estaba hablando a ella? Comenzó a deslizarse sobre su asiento y a mirar solapadamente hacia los costados. Sintió que la sangre le subía a la cara y comenzaba a quemarle. Intentó mirarlo a los ojos, y sólo consiguió ver su sombra detrás del sombrero, el cabello, las luces mortecinas, la oscuridad de la sala.
¿Cómo podría averiguarlo?
Dejó la copa en su lugar y comenzó un juego desafiante con la mirada. A pesar de que nada podía ver tras tanta parafernalia. Quería saber quién era, de dónde era, qué tenía adentro de su corazón.
Estuvo bastantes minutos en esa posición, y cuando creyó que la tarea resultaba del todo inútil, el artista se deslizó hacia el centro del escenario, un haz de luz cayó sobre su cara, se levantó con la mano el sombrero a modo de saludo y ahí ella pudo ver sus ojos verdes de lince, su mirada felina que la traspasó de lado a lado.
Sintió que esa mirada estaba en cortocircuito. Se cruzaron un par de segundos, él le dedicó una mueca con su media sonrisa, y desapareció tras bambalinas. 
Todo terminó como en un sueño, las luces se encendieron, la música funcional la aturdió de repente, se levantó rápido y comenzó a caminar hacia la calle. Una vez afuera, confundida, caminó sin rumbo. Se quedó pensando si alguna vez lo volvería a ver, tal vez en el mismo concert, o quizás en algún otro. Nada más se sentó en el umbral de una puerta y se quedó soñando despierta con esos faroles esmeralda, que le iluminaban el corazón, mientras la lluvia comenzaba a caer tímidamente sobre la inmensa ciudad que parecía devorarla.

viernes, 27 de marzo de 2015

Mañana de sol, bajo por el ascensor.

Mañana de sol, bajo por el ascensor.
Claro, él porque estaba parando en un edificio. Acá en el suburbio no había edificios. Teníamos la mañana de sol pero no el ascensor. A lo SUMO una escalera.
Podíamos escaparnos a la mañana a buscar refugio en cualquier lugar. El mayor éxtasis de esa década era que podías encontrar un refugio donde esconderte por un rato. La casa de alguien, algún buen hueco de la estación. Calles de tierra, arboledas. Él tenía un subsuelo, nosotros los túneles de la estación de Mármol. Hubo uno en la de Calzada, una vez. Sergio fue el encargado de traernos el designio. No sé de dónde sacó él toda esa música, pronto lo voy a averiguar. La cuestión que nos instruyó cual Maestro Yoda en toda la música de esas dos décadas.
Hacía unos años que el Abasto había cerrado y Luca decidió retratar todos esos sentimientos aglutinados, como una estenopeica, en esa maravillosa canción. Nos separaban varios kilómetros y un riachuelo, pero el sentir y el decir eran los mismos. También teníamos nuestro pequeño Mercado de Abasto, y los tomates podridos, el Caimán triste y vacío, el bar de Quiroga. Unos años más pasaron pero la brisa seguía emanando la misma melancolía, pero con cierta afabilidad. Porque si bien era triste, era una tristeza disfrutable, agradable, placentera. Siempre con un buen escondite a mano, eso sí.
El día se transformaba en noche y en eso llegaba el Tano. No se podía creer lo que allí se escuchaba. Como un brujo precedía aquella sesión de almas solitarias, embrolladas, ensimismadas. Los más chicos nos quedábamos hasta la madrugada con la radio debajo de las sábanas, escondidos, escuchando y aprendiendo acerca del mundo de los grandes (o de la otra generación, una década de diferencia). Los hermanos mayores, los que pasaron por la época del proceso, la guerra de Malvinas, la vuelta de la democracia. El post todo: post punk, new wave, la época de los peinados raros en punta, con jabón común, de los pelados y peladas, las camisas de cuadrillé y las chaquetas de cuero, todas cosas que admiraba siendo muy pequeña y me quedaba observando atentamente camino al colegio.
Ambos programas gravitaban en un eje: la comunicación. Sea como sea, la comunicación era cónclave, epicentro de reunión. La comunicación se daba, buscaba se camino, se habría paso entre los escollos, entre campos minados. Las almas encontraban su sosiego allí, hablando, diciendo, dejándose ver, despojándose de prejuicios, de las ataduras que tanto duelen. (Duelen más que cualquier tortura física).
Amaba todo aquella dinámica, con una locura desmesurada, al llegar al punto de pasar prácticamente  las 24 hs con la radio encendida. Pasábamos mensajes y conocíamos a los demás a través de este espacio.
Es increíble como veinte años después, me encuentro con un amigo que vivía en otra localidad y me cuenta la misma vivencia, que se quedaba escuchando la radio toda la madrugada y hablar del programa al día siguiente en la escuela. (Me conocías? Cómo sabías que hacía eso? No tenía idea de que existieses en esa época!!)
No importa, no importa el tiempo ni el espacio, los tomates podridos siguen estando ahí, el tipo con la botella de Resero, vos, yo, y el Tano que vuelve, que se reinventa de sus propias cenizas para seguir con el designio que se le otorgó, el de la comunicación, el de conectar, de levantar los filtros, desatar las amarrar, tirar lastre, y como hace veinte años, sigo amando todo eso, y sigue siendo mi eje, el de la comunicación, y lo que me mantiene despierta, lúcida, en estado de alerta. Gracias por tanto.


viernes, 24 de octubre de 2014

La tormenta

La tormenta es infernal, azota los vidrios empañados del gran castillo sumido en una angustiante oscuridad.  Es imposible escapar de allí, ni intentar salir hacia otro lugar: todos los accesos están cerrados, los caminos anegados y empantanados, la lluvia es demasiado violenta como para dejarse mojar por ella, la lluvia lastima.
En el castillo que reina la oscuridad hay enormes sombras recorriendo los pasillos, emitiendo sonidos; cuadros espantosos, cabezas de animales de trofeo incrustados en las paredes. Fuerzo mis ojos a través de esa oscuridad y los veo, estoy sentada en un enorme sillón en donde la única compañía son esos bichos taxidermizados. El miedo no me deja pensar, siento angustia, frío, soledad y la nada misma. Siento que esos animales  de alguna manera comienzan a moverse, las armaduras del cuarto lindante empiezan  a chirriar sus yelmos.
Inmersa en un cuadro de horror absoluto siento en ese preciso instante unos pasos que no forman parte de lo anterior. Entre el sonido de cotas y cimeras cubiertas de óxido agudizo mi oído hacia la izquierda y me digo: -“No, no. Eso no tiene la naturaleza de todo lo demás.”
En ese momento los sonidos macabros se detienen ( o pasan a formar otro plano) y siento los pasos venir hacia mí. Muy poco audibles, pero cada vez más. Más y más cerca. Detengo la respiración por unos instantes. Siento una presencia inescrutable justo en frente mío. Estaba parado ahí, delante de mis ojos, y no podía verlo.
La cosa es que siento su movimiento suave, ondulante, que pasa por el costado...y siento el sillón comprimido bajo su peso. Se había sentado al lado mío. Me hundo un poco para su lado. Estoy rozando su brazo. Siento que la lluvia se detiene y entra un claro de luna por la ventana. Me inclino para verlo, y lo veo. Veo sus ojos directamente sobre mí. No cruzamos una sola palabra. Ya no tuve más miedo en ese instante, tuve felicidad, sentí como el salón se iba iluminando lentamente y las cortinas iban adquiriendo nuevamente su color púrpura. Él me mira por un instante, serio, y luego sonríe. Justo cuando esbozo una suerte de palabra, él se levanta. Sigue sonriendo, me saluda con un gesto, y se va. Atino a extender mi mano, a detenerlo, pero pasa a través de su silueta que pronto se esfuma en el aire.
Me levanto, abatida, lo busco, me choco con los muebles, me doy cuenta que todo sigue estando tan oscuro como antes de sentir su presencia. Los ruidos tenebrosos vuelven a surgir, pero ya no tengo miedo...vuelvo al sillón.. me quedo ahí mirando hacia el vacío...ya no me interesa nada...ni los ruidos ni los bichos ni los caballeros en sus armaduras oxidadas...sólo quiero que vuelva...que me diga algo...que me mire otra vez con esa mirada inconmensurable.




viernes, 11 de abril de 2014

ODA A LA COMUNICACIÓN

Las comunicaciones han fascinado desde siempre a la humanidad completa. Desde aquellas pinturas rupestres hasta todo lo demás.

He transitado por las más diversas formas de comunicación, y he hecho uso y abuso de todas ellas. Comenzamos mandándonos mensajes en los libros escolares. Escribiéndole algo al pibe/a que se lo compraría al año siguiente. Los famosos papelitos que eran escritos por todos y pasados de mano en mano, formando un hipertexto de lo más rico y complejo. Con gráficos incluídos: caricaturas, esquemas, planos de a dónde nos íbamos a ratear o como íbamos a llegar a tal lugar, etc. Otra era escribirle mensajes a los pibes del contraturno. Todos los espacios eran tomados: desde el pupitre, bancos, escritorios, pizarrones, puertas del baño, paredes, bancos del kiosko de afuera. Pero había un lugar estratégico y secreto: detrás del pizarrón. Allí se podían dejar recados enteros, incluso algún que otro objeto. Yo particularmente usaba todos y cada uno. El Liquid Paper era mi aliado. Los mensajes iban dirigidos a un destinatario  en especial y también era muy bueno investigar qué escribían los otros. Yo tenía todo un ritual perfectamente desarrollado de aquello. A veces hacía fanzines y se los dejaba pegados a los pibes del otro turno. O escribía mensajes o partes de canciones, y al otro día aparecían las respuestas, me moría de risa. Después teníamos un millón de cábalas para que nos vaya bien en los exámenes. Una vez alguien trajo una fotito carnet muy vieja y muy rara de un difunto y la pegamos debajo del pupitre y le rezábamos y prendíamos velas para que nos ayude. Habíamos hecho un santo de ese fulano que no sabíamos ni quién era. Después fuimos tomando las paredes y los portones. Hacía plantillas y cada sector tenía sus paredes. Por medio de las pintadas sabíamos quién mandaba ahí, qué les gustaba, quiénes eran los que estaban del otro lado. Podíamos conocernos. Una vez pegamos un grabador de periodista y salimos esa tarde del colegio a hacerle reportajes a todo el mundo. A un linyera, a los borrachos, a los que paraban en la Plaza, a los pibes que repartían tarjetas del Solcito en la puerta del cole. Como aquello había tenido éxito, elaboramos una nota con base en una encuesta y pasamos casa por casa a hacerla. La gente colaboró en un 100%. En ese momento te dejaban pasar a su casa y te contaban todo!
 Ganas de comunicarse hubo siempre. Muchas veces las ganas de comunicarse resulta más fuerte que tener hambre. Después vino la radio y nos pasábamos horas escuchando y pasándonos teléfonos, teníamos identificados a cada radioescucha y ellos a nosotros. También los correos de la revistas. Todo era una Oda a la Comunicación. Había portones emblemáticos en lugares clave y dejábamos nuestras huellas allí. Desde Stickers hasta una huella digital. A veces te pasaban una señal. Una boludez: una tiza marcada, un chicle masticado, un ramo de flores silvestres cortados. Y vos sabías lo que EXACTAMENTE significaba eso. Y se convertía en un  Santo Grial, inmediatamente.
Mis sueños siempre tuvieron que ver con las comunicaciones y lo que más me angustiaba, por supuesto, era la NO-COMUNICACIÓN. Después comenzamos a experimentar con cosas un poco más sofisticadas, como meterse con el onda corta y modular señales, pasarle música al que estaba del otro lado, inventarse un alias y un personaje. Después, y como una cachetada. Todas esas cosas se unificaron en una sola: INTERNET. Y la magia continuó. Diferente, pero continuó. Meterse en un chat de UOL a las 10 de la noche era tan complicado como meterse en la rotonda de Burzaco a la una de la tarde. Te daba vértigo, pero te alucinaba. Las salas de chat, eran apocalípticas, pero te cagabas de risa. Después messenger, después...Facebook...¿Cómo no conocer este sistema? Yo usaba facebook desde que tengo uso de razón. Desde esos papelitos que pasaban de mano en mano y terminaban siendo un hipertexto. Un papelucho cualkiera retirado del basurero con la letra de ALGUIEN en especial era un trofeo. Hoy día podés robar las fotos. O podés mandar un mensaje privado y flashear con un “te mando saludos”. Pero es lo mismo. Hoy alguien me llamó al tel. haciéndome una broma. Después de haber leído y escuchado miles de informes sobre secuestros virtuales, pude haber cortado inmediatamente el teléfono. Pero mi viejo lobo de mar comunicativo me lo impidió. Y seguí, seguí con la broma, me pareció divertido. Me sigue pareciendo divertido. Dicen que del otro lado puede haber un violador, un secuestrador, gente que está llevando tu información en algoritmos. Mi Superyo me hace temer de todo eso, pero mi ELLO se caga de risa. Y casi siempre, termino escuchando a  mi fiel amigo. VIVA LA COMUNICACIÓN!!

sábado, 5 de abril de 2014

Vestigios



Black, white, black, white, black, white...






Ella venía caminando por la vida, tropezando sobre los escombros que le había dejado.
Vestía de negro y rojo furioso. Su paso era ágil, firme, y así iba andando hasta que sintió una energía sobre sí. A lo largo de su vida esas energías se fueron repitiendo. (Una decena de veces, más o menos, pero fueron las energías más fuertes y lindas que percibió.)

Una energía que se tradujo en mirada. Ella tenía ganas de saber quién, cómo, por qué, pero también sabía que  todas las respuestas estaban en aquella mirada. Y que a partir de entonces, todas las respuestas a las demás preguntas que surgirían de ese momento en adelante, estarían concentradas allí. En esa mirada. Y por qué no, en esa sonrisa, una sucursal de su mirada. Qué más? Su terrible perfil recortándose a través de la tenue iluminación de la luna. Su porte galante, gentil, esbelto. 
Ella ya lo conocía de antes. No sabía de cuánto antes, en realidad, pero ya sabía de su existencia. Y haberlo encontrado en su camino no había sido ninguna casualidad. El destino ya estaba marcado, y escrito para los dos, así lo había dicho Cupido. 

Black, white, black, white, black, white...
No lo volvió a ver como por medio año, pero no dejó de pensarlo, quizá él tampoco la dejó de pensar. Y un día se produjo el encuentro, casi casual para ellos, casi planeado por el destino. 
Se cruzaron sus sonrisas y sus nerviosismos, su pasión y su amor recíproco. Porque ellos sabían que se correspondían, pero que ningún amor correspondido y llevado a cabo es eterno. Y elaboraron un plan, un plan inconsciente y siniestro: amarse y odiarse por partes iguales. El odio era el elemento alquímico y secreto para conservar el amor para siempre. Así que tiraron las cartas, y sembraron una buena dosis de odio, y se fueron. Bien lejos, cada uno a un extremo de la Tierra. 

Black, white, black, white, black, white...
Pasó mucho tiempo, quizás siglos, y ellos por un momento olvidaron su pacto. O quizá lo guardaron tan bien que no lo tenían en cuenta. Hasta que un día el reloj dijo que ya era hora y activó los mecanismos para que ellos se volvieran a encontrar. Una aurora boreal los trajo de vuelta, los enfrentó, ella volvió a ver su perfil, pero algo había cambiado...él ya no tenía la misma mirada ni la misma sonrisa...el tiempo les había jugado una mala pasada...un carta mal tirada, un croupier con un ataque de hipo que dejó entrever la carta mientras las servía. 
Pero a ellos no le importó demasiado aquel traspié, e hicieron como si nada hubiera pasado. Al fin y al cabo, ellos no eran contrincantes y la partida ya estaba arreglada de antemano. 
Y terminaron una noche cálida de verano mirándose a los ojos y diciéndose: “No voy a dejar que suceda...”
“No...voy a dejar que suceda...no otra vez...”

Esta vez pactaron que ya ni el tiempo ni el cielo ni dios ni el demonio les arrebataría ese infinito de miradas, caricias, secretos a la luz de la luna, sobre sus miedos, sus pasiones y su futuro, y se alejaron otra vez, mandándose cada tanto una señal. Saben perfectamente que hasta el fin del los tiempos ellos estarán juntos y en el más allá también seguirán estando. Porque...porque...

miércoles, 17 de julio de 2013

RAMONES EN ARGENTINA-CRONOLOGÍA

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Corría el año 1987 y la situación en la banda venía bastante movida. Marky se había ido después de “Subterranean Jungle” en el año 1983, por razones personales. El baterista confesó que no se sentía adecuado para seguir tocando y que el sonido de Subterranean Jungle es el que menos le gusta. Así que decidió retirarse y mejorar su situación visitando varias instituciones médicas. Luego de rehabilitarse forma parte de King Flux, la banda del ex Plasmatics Richie Scott.
Los Ramones decidieron seguir su camino sin Marky  Ficharon a Richard Reinhart, nacido el 11 de agosto de 1957,  también conocido como Richie Beau. Si bien  no era conocido en el ambiente del punk rock, había incursionado en  varias bandas under. Una de ellas  fue Velveteen, que los Ramones fueron a ver. Joey y Johnny se quedaron impresionados con él y lo llamaron para el puesto vacante de baterista.  Ingresó el  13 de febrero de 1983, grabando junto al resto de los integrantes los discos Too Tough To Die, Animal Boy y Halfway To Sanity.
Según palabras de Marky, Dee Dee tampoco se sentía muy adecuado, sin embargo siguió tocando. Así que después de Subterranean Jungle, ya con un batero nuevo, graban en 1984 “TOO TOUGH TO DIE”, innovando con un sonido más duro, “Hardcore”, que motiva a las nuevas bandas.

El 19 de mayo de 1986 ANIMAL BOY vio la luz. Dee Dee es el encargado de escribir la mayor parte de los temas, siguiendo en la línea de sonido Hardcore. Jean Beauvoir, miembro de Plasmatics, produce y co-escribe 3 canciones: «She Belongs to Me», «My Brain Is Hanging Upside Down (Bonzo Goes To Bitburg)» y «Something to Believe In». Richie se anima con «Somebody Put Something in My Drink».





El tema más controvertido fue "Bonzo Goes to Bitburg" (Bonzo va a Bitburgo en español) que fue lanzado como simple  en el Reino Unido en 1985. El single no fue lanzado en Estados Unidos. Al año siguiente fue retitulada "My Brain Is Hanging Upside Down (Bonzo Goes to Bitburg)", en el disco Animal Boy. La canción fue escrita en mayor parte Joey Ramone, denunciando  la visita  del presidente norteamericano Ronald Reagan a un cementerio militar nazi en Bitburgo, en Alemania Occidental, donde se encuentran enterrados 49 miembros de las SS. La visita era en honor a las víctimas del nazismo y celebrando el renacimiento de Alemania Occidental como una gran democracia y potencia aliada a los Estados Unidos.
Según el archivo del diario “El País” del domingo 5 de mayo de 1985:  “Ronald Reagan visita hoy el cementerio de Bitburg, lugar donde están enterrados varios miembros de las SS alemanas. La controversia suscitada por este gesto del presidente norteamericano ha alterado por unos días la vida de esta localidad cervecera próxima a la frontera con Bélgica. La masiva presencia de periodistas ha provocado los recelos de sus 12.000 habitantes, que muestran su irritación por el tratamiento que los medios de comunicación han concedido al tema.”



 La frase "Bonzo Goes to Bitburg" fue lanzada por los protestantes durante las semanas cercanas a la visita de Reagan.  En referencia a Reagan: Bonzo es el nombre del chimpancé que dio vida al personaje de la película Bedtime for Bonzo; Reagan fue el actor principal del film en 1951. La trama gira en torno a los intentos del personaje central, el profesor Peter Boyd (Ronald Reagan), para enseñar moral humana a un chimpancé, con la esperanza de resolver la  cuestión "naturaleza versus crianza". Con este fin contrata a una mujer (Diana Lynn) para hacerse pasar por la madre del chimpancé mientras él interpreta al padre, y utiliza técnicas de crianza de los hijos la época de 1950. (Muy bizarro).


La frase también hace una referencia a la secuela de la película, Bonzo Goes to College (Bonzo va a la universidad) (1952), aunque Reagan no participó en la misma.
Toda esta cuestión quedó reflejada perfectamente en la tapa del disco Animal Boy, donde los Ramones deciden fotografiarse junto a un chimpancé, ilustrando y redondeando en una sola imagen los argumentos  citados anteriormente. Contratan al fotógrafo  George DuBose, quién había trabajado con ellos en otras  tapas y fue el responsable de que las canciones  tengan cuerpo, color y alma.
George compartió más de 10 años de trabajo y vivencias con la banda y en 2008 publica  ‘I speak music’, la memoria visual de aquellos años.  Y no hace falta haber vivido en aquel excitante New York  para poder contarlo. En sus propias palabras: “Cada año me llamaban para hacer una nueva portada, y yo me alegraba como un cerdito. Para "Animal Boy"  querían ir a la jaula de los monos del zoo del Bronx y sostener en los brazos un pequeño chimpancé. Llame al zoo y me dijeron que ni loco  se podía hacer algo así. Alquilamos a Zippy, el chimpancé del "Show de David Letterman" y convencimos a Legs McNeil (co-fundador de la revista "Punk") para que se disfrazara de gorila. Lo divertido fue que Zippy se estaba poniendo nervioso mientras Joey le sostenía. No miraba a la cámara y se pasa el rato, molestando y fastidiando. Me era imposible sacar la foto porque ese mono estaba descontrolado, así que su cuidador se acercó y le cruzó la cara de una bofetada. ¡Le pegó a ese mono de mierda!.” (Pobre Zippy!)




Bedtime for Bonzo (1951)








Zippy en el Show de Letterman



Se hicieron un par de tomas y finalmente se utilizó aquella en donde Richie sostiene al mono, en vez de Joey. En la contratapa también aparece una imagen aparentemente de un padre y de un hijo imitando la posición de Richie y el animal.


Para aportar un dato más a esta anécdota, podemos recordar que Joey Ramone era fan del programa y apareció en innumerables ocasiones con la remera de “Late Show”.
Ramones en "The Late Show"



Los otros temas con anécdotas son:
-“Love Kills”, tema compuesto para la película de Sid & Nancy dirigida por Alex Cox, que luego fuera dejada a un lado, y pasó a formar parte de este disco.
-“Something to believe in”, con su video rebosando ironía por todos lados, que muestra un supuesto evento  caritativo  simulado,   con el título "Hands Across Your Face" (Manos a través de tu cara), parodiando a la campaña Hands Across America, (los ciudadanos estadounidenses tomados de las manos) En el video se ven todos unidos y felices por la caridad y al final aparece un secuaz contando el dinero recaudado.









Ésta era la situación de Ramones para la época en que decidieron venir a nuestro país. El martes 3 de febrero de 1987 aterrizan en el Aeropuerto de Ezeiza y son recibidos por Juan Cebrián, quién les propone una entrevista espontánea de su primera  visita por la Argentina. Ellos venían de hacer tres exitosos shows en San Paulo, Brasil, pero con algunos incidentes. Cebrián los sigue en su recorrido y arregla una conferencia de prensa. Allí hablan, entre otras cosas, del movimiento emergente Hardcore y su relación con los Ramones. La voz cantante en esta entrevista es, visiblemente, Johnny Ramone, quien aseguraba que el Hardcore era un movimiento muy saludable.  También hablan acerca de su público (universitarios en la franja etaria de 18-21 años), de los Dead Kennedys y sus tapas polémicas (John no lo consideraba un buen ejemplo) y sobre los punks de Inglaterra.
El 4 de febrero de 1987, a las 6 de la tarde llegan a Obras a la prueba de sonido. Era un tórrido verano porteño y los chicos estaban más que exaltados haciendo la cola. Las entradas estaban agotadas. Los Ramones entran y hacen una rápida prueba de sonido (apenas unos minutos). Cebrián brinda detalles técnicos del equipamiento: consola con 23.000 watts de potencia (¡!), Batería Tama para Richie, platillos Zildjian, 3 Marshall para guitarra, 2 Ampeg y un Marshall para bajo, Bajo Fender Precision y guitarra Ventura.
Le preguntan a Johnny acerca de la decisión de venir a nuestro país y él responde: “Los promotores se contactaron con nosotros, siempre tuvimos ganas de venir”.




Transcurre un corto lapso de tiempo y las luces se apagan y comienza el recital, en donde obviamente, presentan temas de su reciente trabajo, Animal Boy.  A continuación el set list del mismo:

Durango 95
Teenage Lobotomy
Psycho Therapy
Blitzkrieg Bop
Do You Remember Rock 'N' Roll Radio?
Freak of Nature
Gimme Gimme Shock Treatment
Rock 'N' Roll High School
I Wanna Be Sedated
The KKK Took My Baby Away
Crummy Stuff
Loudmouth
Love Kills
Sheena Is a Punk Rocker
Glad to See You Go
I Don't Care
Too Tough to Die
Mama's Boy
Animal Boy
Wart Hog
Surfin' Bird (The Trashmen cover)
Cretin Hop
I Don't Wanna Walk Around With You
Today Your Love, Tomorrow the World
Pinhead
Chinese Rock
Somebody Put Something in My Drink
Rockaway Beach
Do You Wanna Dance?
(Bobby Freeman cover)
California Sun (Joe Jones cover)
We're a Happy Family

Cabe destacar que al final de Teenage Lobotomy, comienzan a toda furia con Psicho Theraphy y se les corta el sonido del Marshall de Johnny varias veces, hasta que lo cambian entre el abucheo  del público, embravecido por la situación y el calor, que luego empieza a entonar el canto “Hey, Ho, Let’s Go! Hasta que finalmente solucionan el problema y continúan con el show.
Otra cosa que podemos destacar es que en el video filmado por Cebrián, después de “The KKK...” aparecen cantando “I don’t care” y en ese instante se corta la transmisión, queda inconcluso. Y en el sit list, y escuchando la grabación del show que anda dando vueltas por el mundo, este tema no aparece en ningún lado, y en su lugar está “Crummy Stuff”.

Otra nota que es destacable y que pasaría formar parte del folklore ramonero en Argentina son los incidentes en puerta. Después de cuatro años, cuando deciden regresar al país, El diario Página 12 entabla un diálogo por teléfono y le preguntan acerca del asunto.  Joey Ramone recuerda el show de 1987 en Obras como "un recital loco, salvaje". Fuera del estadio, unos chicos se trenzaron con la policía a piedrazos y botellazos. "Lo sé, me contaron, pero adentro todo estuvo muy bien. Muy excitante -dice-. Hoy la banda está más fuerte que entonces, creo que por la incorporación de nuestro nuevo bajista. The Ramones somos pioneros en este sonido potente y mínimo que tanto emularon después (punk softcore, se los definió cuando aparecieron a fines de los setenta) y nuestra única manera de cambiar es volvernos aún más poderosos, más duros de lo que éramos antes.”

Así fue la bienvenida de Ramones a la  Argentina, de esta manera comenzó una historia de amor sin barreras que se extendería hasta límites insospechados, que atravesó el tiempo y se convirtió en una pasión.








Entrevista por Juan Cebrián









viernes, 14 de junio de 2013

MARKY RAMONE

La historia es cíclica y redundante. Después de 18 años, que para mí significan una eternidad, todo vuelve a pasar por el mismo lugar. Llegué al teatro Vorterix y una mala noticia me esperaba: no podíamos entrar a la prueba de sonido. Decidimos hacer puerta y en ese momento comenzaron a sonar todos los temas, maravillosos, mágicos. El telón estaba abierto un poquito y lo vimos, a Marky, con su batería blanca y reluciente. Realmente extasiados con lo que teníamos ante nuestros ojos, había sido un día muy duro hasta ese momento, hasta ese punto en donde se produjo un corte y la mala onda se terminó de golpe...para pasar a lo que fue uno de los días más gloriosos de mi vida.
No puedo creer todo aquello, y un trabajo en equipo impecable, cargado de complicidad, guiños, desilusión, nervios, ganas de estallar de la bronca y al minuto ganas de estallar de la felicidad, se nos salían las lágrimas de los ojos.